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  • Foto del escritorCamilo Fidel López

La necedad de ser de izquierda

O de derecha. Dudo mucho que exista una categoría del ser que pueda limitarse de forma exclusiva a una posición política. Por mucho, se podrá comprender algo del sistema de valores de una persona a partir de la observación de su ideología. La reducción de seres completos y complejos -su vaciamiento- en un compendio de ideas -más o menos- determinadas, no es más que un atajo para ahorrarse tiempo. O es simple y magnífica pereza.

En todo caso, es mucho más grave cuando un particular declara, por gusto o apetito: “soy de derecha” o “soy de izquierda”. Una imposición innecesaria y paralizante de ideas, que por lo general son ajenas y etéreas y suscriben a las personas a vivir a través de los pensamientos vagos de otros. Hasta Pinocho quería dejar de ser una marioneta.

Me temo que esta confusión de la militancia de conceptos con la sustancia misma del ser, provoca equivocaciones que tarde o temprano serán juzgadas -y cobradas- como incoherencias o traiciones. Sobran los ejemplos de líderes y personajes que han vociferado públicamente la condición de ser de izquierda y de derecha y han sido sorprendidos en acciones y situaciones que corresponden a la posición política que dicen abominar. Es un error absoluto creer que existe un hombre o una mujer que conjuren su vida siguiendo, en exclusiva, postulados políticos y sus derivaciones. Por supuesto existe la posibilidad de tener cierta consistencia, pero hasta los líderes más emblemáticos de cualquier ideología fueron intermitentes en su proceder en muchas ocasiones.


Por fortuna, la razón no se construye a partir de la aceptación de los dogmas sino a través de su excepción. En efecto, aquel que acepte sin más que es -o encarna- un dogma renuncia a su condición humana esencial. Tal y como en la mitología griega de héroes caídos o ninfas descorazonadas que terminaban convertidos en ciervos o flores de pantano, el ser que solo existe en la medida y extensión de sus ideas políticas es, por efecto de una imaginaria transubstanciación, otra cosa, una cosa. Un objeto, un manifiesto o un panfleto.

Como cualquier objeto, el ser-dogma, es vulnerable. Su pobre resistencia, sometida si acaso a la gravedad, podrá ser aprovechada por otros aficionados a acumular estos objetos: alinearlos y dejarlos prestos para sacarles provecho llegada la oportunidad. Más temprano que tarde. En el inventario anual del populista siempre se suman las filas de personas que, por confundir el ser con el confrontar, son instrumentos de proyectos que rara vez los tienen en cuenta. Monstruos que comen piedras para luego vomitarlas.

Por lo pronto, no sería descabellado empezar a prescindir de dichas categorías a la hora de definir a las personas y sobre todo, cuando se trata de observar y reparar en argumentos ajenos. No puede ser que las variadas dimensiones del ser humano, incluyendo su gaseosa moralidad, se reduzcan burdamente a un compendio corto de prejuicios, en la mayoría de los casos, equivocados y perezosos. Somos más que eso que decimos ser.

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