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  • Foto del escritorCamilo Fidel López

Azares, temblores y adivinanzas

Actualizado: 11 mar 2023

Me cuentan que la celebridad de la televisión británica, Jeremy Clarkson, conocido por su participación en Top Gear y ¿Quién quiere ser millonario? y que también oficia como columnista semanal del diario The Times, dice que los temas de sus escritos los encuentra hasta en los arbustos que se le cruzan. Y aunque no se equivoca, la destreza de encontrar historias en todo lugar toma años en afilarse. Por lo general. Supe que Julio Cortázar coleccionaba recortes de periódicos de noticias insólitas que aparecían en los diarios franceses como insumo para sus relatos. Incluso dicen que su conocido cuento La Autopista al Sur nació de un monumental trancón que padeció una tarde de fin de semana tratando de ingresar a París.

Si se ahondara en las palabras de Clarkson podría concluirse que de igual manera y en igual proporción, las razones de escribir (que son el verdadero germen de las historias) se hallan tanto en lo casi imperceptible hasta en lo monumental e inevitable. Sin duda, nada más parecido a esto último que un temblor, como el que sacudió a Bogotá esta madrugada, pasada las cuatro de la mañana.


Jeremy Clarkson antes del azar.


Desde hace muchos años sufro de un tipo de vértigo nocturno que me provoca pesadillas de caídas eternas a las que me he venido acostumbrado, por esta razón es muy extraño que pueda detectar algún movimiento natural; el de hace unas horas no fue la excepción. En cambio, mi mujer, que fue víctima de uno de las catástrofes más terribles de la historia reciente de Colombia, el terremoto del eje cafetero de 1999, parece haber desarrollado, junto al trauma invencible, una habilidad cinética para detectar cualquier actividad telúrica. Fue ella quien me levantó y fue a ella a quien tuve que tranquilizar cuando la tierra dejó de estremecerse.

Los temblores dejan pensando. Esta mañana, de camino a la oficina, me puse a divagar sobre el azar. En específico, me detuve en el azar que precede a la fatalidad. Desde hace mucho me aturde la idea de no poder saber cuál será el último día de mi vida. Esa preocupante temática ya la han abordado canciones como Adán García de Ruben Blades y Causas Azares de Silvio Rodríguez. En ambas , sus personajes Adán y Pedro, salen de su casa ignorantes de la próxima y vecina caída de la guillotina del azar. Y ahí quedan entumecidos por el asesino invisible.

No obstante, en otros casos menos permanentes que la muerte, el azar funciona como la alarma de temblores de mi mujer: una advertencia perentoria. La vida sugiriendo cambios o revelaciones. En estas oportunidades el azar carece de colmillos para transformar y por eso queda en suspenso a la espera de que la voluntad -o la indiferencia- de cada quien hagan lo suyo. Como en una formula química mientras que el elemento del azar no coincida con el elemento de la voluntad, se mantendrán imperceptibles. Así lo explican las teorías más tradicionales de la escritura cinematográfica: no basta que la fortuna cambie, es necesario que el deseo del personaje sepa pronunciarse. La voluntad es la mitad del mundo.

Es bien conocida la historia de Edipo, una de las tragedias griegas más populares. Pues bien, en cierto sentido, en ella también opera la voluntad como factor determinante. Luego de matar a su padre (por azar) Edipo continua su camino y al encontrarse con la monstruosa esfinge, resuelve la adivinanza que esta le propone (por voluntad). El final es bien conocido, Edipo desposa a su propia madre y cuando se entera se saca los ojos. No es de extrañar que la respuesta correcta al acertijo haya sido “el ser humano”. Bien sabían los griegos la importancia, ya venida a menos, de ponerse en el centro del universo. No sobraría interpretar de la milenaria historia que más allá del azar siempre quedan pendientes las decisiones de las personas. Ya sean como abrigo o como patíbulo.
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