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  • Foto del escritorCamilo Fidel López

Elogio del amor

Actualizado: 19 abr 2023

La fortuna me mostraba los dientes. Hace unos días llegó el contrato a mi correo: me confirmaban que tendría la oportunidad de hablar con la escritora Piedad Bonnett en la Feria del Libro de Bogotá. De la emoción escribí un trino que revelaba una verdad privada cada vez más difícil de refutar: “Tanto le debo yo al grafiti”. No exagero. La charla, que sucederá el próximo sábado en el pabellón de Bogotá, pretende compartir un par de ideas, coincidencias y reacciones al libro El Elogio del Amor; una entrevista del filósofo francés Alain Badiou, editado por Biblored y la Fundación Gilberto Alzate Avendaño (FUGA). La razón de mi presencia en la conversación radica en que la edición utilizó imágenes de nuestro mural El Beso de los Invisibles, como su propuesta gráfica principal y como estrategia para aterrizar las ideas del filósofo en el entorno de nuestro ciudad. El mismo Badiou aprobó la idea cuando Margarita Díaz, directora de la FUGA, se lo sugirió. Me cuentan que, incluso, llegó a entusiasmarse.


Esta mañana conocí a Piedad Bonnett. Javier Beltrán de Biblored, propuso una reunión previa para conocernos y darle orden a un tema que por su interés e intimidad puede llegar a desbordarse: como el título del cuento de Carver “De qué hablamos cuando hablamos de amor”. La maestra llegó puntual; antes de entrar la seguí con la mirada. Javier ya había separado una mesa de seis puestos que imaginamos inconveniente para charlar. Nos cambiamos a otra más esbelta y redonda que nos obligaba a acercarnos más y, por efecto, a hablar mejor. Nos presentamos y rellenamos el silencio con opiniones personales en varios temas: las redes sociales, el compromiso político de los artistas, los estudiantes de Piedad en la Universidad de los Andes, los problemas de compensación del arte en la calle, mi origen espurio en el grafiti. En fin, nos medimos la lengua, el equipaje y las certezas. Cuando sirvieron el desayuno entramos en materia, mientras compartíamos un pan de banano.

Para Piedad, un tema fundamental de discusión se refería al planteamiento de Badiou respecto a las amenazas que afligen al amor en la actualidad; que incluyen la animosidad y sospecha de las personas a tomar riesgos y perdurar en ellos. En efecto, el filósofo inicia el texto alarmando sobre el peligro inminente que acarrean las aplicaciones de citas que buscan reducir al máximo la sorpresa y el acecho. El algoritmo, la máquina, pone todo sobre la mesa. Nada queda por descubrir cuando todo está arreglado. Para la escritora, también era relevante traer a colación una descripción específica del autor respecto a cómo se vive la diferencia entre la pareja, que más allá de doblegarla o comprimirla en una sola entidad, termina por afianzarla. El amor es la diferencia exacerbada.

En mi opinión, lo más llamativo del texto es la mención de Badiou en cuanto a la potencia del amor para fijar el azar. “El acontecimiento”, interpeló Javier, cuando lo sugerí. El encuentro firme de la casualidad; cuando dos se cruzan en la extenuante intersección de dos vidas y dos pareceres. Dicha postura se hace aún más interesante cuando el autor establece que el arte es otra forma de esa fijación; de esa impronta; de esa fotografía. Amor y arte, unidos en su empeño común de convertir el alea en destino. Confieso que con dicha descripción encontré mi lugar en la charla; el azar de la pintura en la calle: el grafiti en su estado más puro. De paso, encontramos el sentido de la reunión: la costura y la cremallera para observar desde la misma orilla el quehacer del pensamiento respecto al amor, la escritura como medio predilecto y a la calle como espejo del sentimiento.

Piedad tenía que irse. Quedamos en vernos el próximo sábado, un par de minutos antes de la charla, en el arco icónico de Corferias. Caminé un rato por la carrera séptima pensando en esos extraños momentos en que la vida se observa como testigo y no como protagonista. Hoy fue una de esas ocasiones en que se siente al porvenir respirando sin esfuerzo. Otro comienzo más. Otra inseguridad para superar. Otra cacería de azares. Lo imaginado, sucediendo. Ya veremos cómo sale todo: qué palabras aparecen ese día y cuáles se esconden. Mientras miramos la imagen de un beso que brotó en la mayor de las adversidades, ante la mirada atónita de un fotógrafo que murió demasiado pronto, y que termino por convencer a un grupo de artistas a fijar un azar y una ironía: un par de invisibles de más de treinta metros de altura.



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