Votar sin miedo (un llamado a los indecisos)
- Camilo Fidel López

- 27 ene
- 3 Min. de lectura
El miedo suele ser un consejero sospechoso. A pesar de ser una herramienta evolutiva, incorporada en nuestra biología desde antes de que fuéramos humanos, puede sesgar muchos procesos intelectuales principales. El miedo detona la búsqueda instintiva de opciones de supervivencia. Gracias al miedo hemos sobrevivido como especie: gracias a él hemos aprendido sobre venenos, colmillos y precipicios. Sin embargo, un consenso científico alcanzado desde el comienzos del siglo XX pone en suspenso algunas de sus ventajas. Desde esos días se sabe que el cerebro humano no sabe distinguir entre el miedo imaginario y el miedo real. La reacción es la misma: la disminución de la inteligencia sucede ante una sinuosa serpiente venenosa, cuya mordida nos podría matar en segundos, o ante el anuncio manipulado y mezquino del fin de la vida “vivible” en un país.
Quisiera detenerme en el adjetivo “vivible”, por la simple razón de que lo he escuchado varias veces en las últimas semanas entre amigos y extraños. Se avecinan las elecciones y al parecer, —según esas piadosas herramientas del miedo que son algunas encuestas— nos veremos abocados a una realidad semejante a la que sucedió en 2022. La contienda llana entre dos extremos; que no son lo mismo (aclaro), pero tienden a operar igual a la hora de ganar y hacer perder elecciones. Las propuestas de un futuro como país se ahogan entre pantanos de miedos construidos desde una u otra orilla. Unos dicen que el país será invivible porque las guerrillas se tomarán el poder, las cortes y hasta el higiénico banco de la República, mientras la corrupción actual sigue trabajando horas extras y a sus anchas; otros consideran que será invivible por el regreso al pasado: falsos positivos, lacayazgo ante los poderes internacionales e interceptaciones ilegales y, desde luego, más corrupción de la vieja y de la nueva. Mal haría en descartar ambos miedos. Ser colombiano me ha preparado ante el asombro. Desde luego ambas situaciones pueden suceder en la práctica en los próximos cuatro años. Por eso precisamente es que no votaré ni por Cepeda ni por Abelardo.
Sin embargo, tales miedos viven en algún tipo de purgatorio entre la realidad y la imaginación. Aún no existen con toda su contundencia, lo cual supondría que no existe la necesidad de apelar al miedo para votar por uno o por otro. Al menos no por ahora. No en la primera vuelta. En todo caso quiero aclarar que muchos seguidores de Cepeda o Abelardo, lo hacen desde la convicción política, ideológica y moral. Otros lo hacen por el interés de un posible contrato o un puesto o por el muy humano hecho de querer tener la razón. A ellos no me refiero y mal haría en juzgar sus razones. Sin embargo, saber que ni soy mejor ni mas inteligente ni mas clarividente que ellos, no significa que sepa a ciencia cierta que aparte de Cepeda y Abelardo hay tres o cuatro mejores candidatos en el palmarés numeroso de opciones. Estoy convencido de ello, algunos candidatos por experiencia, capacidades y personalidad están mejor preparados que aquel par que lidera las intenciones de voto.
Por eso escribo estas palabras, como una oportunidad para hacer un llamado a los indecisos. Voten sin miedo y por la que creen que es la mejor opción. Parto de la base de que la mayoría del electorado tiene las herramientas para tomar una decisión ponderada según cada uno de sus intereses (la idea de la unanimidad me parece abominable). Los indecisos podrían ser determinantes en estas elecciones y construir una tercera opción viable y —no lo dudo— mucho mejor que Abelardo y Cepeda. De otra manera, se vendrá una repetición lánguida del 2022, en donde tendremos que escoger presidente por el resultado de esa balanza siniestra que equilibra el repudio y la revancha. Por lo pronto es fundamental saber que el miedo devora al indeciso. No tiene sentido sentirse obligado a escoger entre dos opciones discutibles y peligrosas cuando —por ahora— se tienen más. Mucho mejores, mucho más viables y sin tanto veneno, colmillo y precipicio.
Basta con que escoja la suya.

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